Andrea - Voluntario en San Miguel
El sueño que se hace realidad
Después de tanto tiempo soñando con ese momento, por fin había llegado el día de la partida hacia Brasil. Dentro de mí había una sola certeza: quería estar allí, en persona, para ver el trabajo extraordinario que la Misión San Miguel realiza cada día para transformar el futuro de cientos de niños.
Llegué de noche, recibido por Marco. No veía la hora de que llegara el día siguiente para comenzar mi visita a la misión.
La acogida de los niños
La misión incluye escuelas, gimnasios, una iglesia, un comedor y la Casa de los Ancianos.
Me recibió la alegría contagiosa de los niños, que reían divertidos al escucharme pronunciar sus nombres en italiano.
Durante mi estancia asistí a eventos organizados especialmente para mí: un concierto, demostraciones de jiu-jitsu y gimnasia artística. ¡Qué espectáculo! ¡Buenísimos!
Un pequeño regalo del corazón
Entre todas las actividades, una me tocó profundamente: la visita al jardín de infancia. Aproximadamente 210 niños, de entre 2 y 6 años, llenos de energía y curiosidad. En ese pequeño mundo hecho de colores, juegos y vocecitas alegres, también está Luca. Se acercó a mí con una gran sonrisa y me dijo que tenía un regalo para mí.
Sacó de su bolsillo una pegatina de un jugo de fruta, con el nombre de su maestra y un corazón dibujado. “Es para ti”, me dijo. Aún hoy conservo ese pequeño regalo: para mí vale más que muchas otras cosas.
Muchos de los niños acogidos por la misión provienen de situaciones familiares y sociales difíciles: pobreza, abandono, violencia. Pero gracias al trabajo incansable de los educadores, que los acompañan con atención y cariño, estos niños vuelven a sonreír. Recuperan la confianza, descubren talentos y vuelven a tener esperanza.
Un puente entre generaciones
Una de las iniciativas más hermosas es la que involucra a los niños junto con los ancianos acogidos en la misión. Sí, porque también los ancianos a menudo son abandonados en la calle, olvidados.
La misión los acoge en la “Casa de los Ancianos”, un lugar lleno de amor y dignidad, donde pueden compartir momentos con los niños, jugar juntos y contarse historias. Es un puente entre generaciones, una idea maravillosa que hace bien a todos.
La realidad de las favelas
Otra parte muy intensa de mi experiencia fue la visita a las favelas.
Entre caminos de tierra y chozas sin servicios esenciales, conocí a madres muy jóvenes y escuché historias dolorosas, descubriendo la dura realidad de la que provienen muchos niños.
Y sin embargo, incluso en el sufrimiento, brilla la esperanza ofrecida por la Misión San Miguel Arcángel, donde cada actividad —desde la escuela hasta el deporte, desde los juegos hasta la educación— está pensada para devolver un futuro a los más pequeños. Marco y su equipo demuestran cada día que el amor realmente puede cambiar el mundo, un niño a la vez.




